domingo, 23 de febrero de 2025
martes, 12 de noviembre de 2024
viernes, 18 de octubre de 2024
jueves, 1 de agosto de 2024
lunes, 1 de julio de 2024
#pensamientos #portrait #autorretrato #parca
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viernes, 31 de mayo de 2019
Horizonte
Entenderé esas bellas palabras como un triste adiós, como un reflejo
tenue y como el verso que no escribí.
Despejaré de mi horizonte los sueños, mil anhelos y los
orgasmos que no di.
Olvidaré aquel bello rostro, unas suaves manos y la cadencia
de esa voz.
Y al igual que nací, sin nada en mi interior ni deudas que
pagar, sin rencor, podré partir y así, hoy, moriré.
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domingo, 10 de febrero de 2019
La furtiva
Cuando se ausentaba de casa lo hacía a escondidas y en
silencio. Si su marido se enterara de esas furtivas escapadas todo acabaría en
un triste y doloroso final.
Pero ese pensamiento lacerante desaparecía en el momento en
que veía a su amigo aguardándola en el lugar de siempre, esbelto y robusto,
mirando al mar y con la suave brisa marina acariciándole.
Al llegar a su lado repetía siempre el mismo ritual sin decir
una sola palabra: le miraba dulcemente, le abrazaba largo rato y se acurrucaba
bajo su cobijo.
En ese instante sonreía y, bajo sus frondosas ramas, se
sentía viva y en libertad.
jueves, 13 de septiembre de 2018
Querida hermana
Paseé por el jardín de rosas y el laberinto de boj que se habían
convertido en una espesura oscura y salvaje de espinos, abrojos y zarzal.
Me asomé a la vieja cocina en donde nos arremolinábamos al
calor de esa acogedora chimenea de la que ahora sólo emana mugre y hedor.
Intenté subir por la desvencijada escalera de madera que conducía
a los espacios que nos tenían prohibidos, pero me lo impidió ella misma al
mantener en pie tres o cuatro peldaños medio carcomidos.
Peregriné por toda la casa sin apenas sentir alguna emoción,
sentimiento o recordar a alguien conocido…
…hasta que he pensado en ti, hermana mía.
Fue al entrar en tu habitación y encontrar medio quemada y tirada
en el suelo a tu querida muñeca, reposando justo en el mismo lugar donde hace
años te enterré.
En ese momento sí, por fin pude esbozar una sonrisa de
felicidad.
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miércoles, 1 de agosto de 2018
Alatrón
Hoy zarparé en el barco de un ciego capitán que me prometió que hallaría en las entrañas del destino el paso a la eternidad.
Y mientras llegó a ese lugar, entre salitre, espumarajos y alatrón, recrearé el soñado edén con mis vísceras sobre el mar.
Y mientras llegó a ese lugar, entre salitre, espumarajos y alatrón, recrearé el soñado edén con mis vísceras sobre el mar.
lunes, 23 de octubre de 2017
El balcón del mar
Vuelve a pedirme que le
empuje, pero salgo corriendo antes de que termine de hablar. Me conozco
demasiado bien el jueguecito de recuperar la mochila y quienes serán los que
disfrutarán con él.

Tampoco me iré a casa para escuchar de nuevo que exagero, que son pequeñas bromas y que pronto acabará.
Esta vez no.
Hoy, llegaré hasta el balcón del mar, a escuchar las olas y respirar la sal, a beberme el viento y gritarle al sol.
Hoy, es el día en el que voy a aprender a volar, o al menos a descansar.

Tampoco me iré a casa para escuchar de nuevo que exagero, que son pequeñas bromas y que pronto acabará.
Esta vez no.
Hoy, llegaré hasta el balcón del mar, a escuchar las olas y respirar la sal, a beberme el viento y gritarle al sol.
Hoy, es el día en el que voy a aprender a volar, o al menos a descansar.
viernes, 7 de abril de 2017
En esta nueva ciudad
Y la verdad, no me siento tan extraño en esta nueva ciudad.
Caminando entre los escombros y avionetas de metal,
respirando un humo negro o pisando la mezcla de barro, sangre y orín que hay
bajo mis pies.
Dibujando en las paredes viejos planes de fuga, frases
vulgares que no me dejaron gritar o escuchando los quejidos y lamentos de una
decrépita caterva.
Observando con mirada transparente este cielo ocre que
anticipa la lluvia ácida que nos permitirá beber.
Sonriendo, sin familia ni amigos con los que disimular, ni
jefes ni falsos dioses ante los que capitular.
Arrojando a cada paso las absurdas cargas con las que
cubrieron mis hombros.
Y durmiendo, a descubierto y en paz, con los dulces sonidos en
mi interior de un alma cansada y abatida.
En verdad lo siento así, por fin me encuentro feliz en esta
nueva ciudad.
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lunes, 19 de septiembre de 2016
El burócrata
Me despierto tranquilo, con el brazo derecho apoyado en la silla
de enea en la que reposa la cuchara que me regalaste el día de tu partida.
Mientras me levanto y aflojo la goma,
escucho a través de las paredes, el tarareo monótono de una alboreá que anticipa
una muerte lenta y dolorosa.
Una tonada que me recuerda que afuera
me aguarda, paciente, el desconocido del traje de sarga gris que se acercó ayer
para darme la nueva.
Un ser acostumbrado a la lenta espera
que precede a su rutinario trabajo de limpieza de seres prescindibles para las élites
de nuestra sociedad.
Una labor que realizará con la excelencia
del burócrata bien entrenado y con la exquisitez del operario que huye de una existencia
fútil.
Pero antes de todo me voy a mear…
viernes, 19 de agosto de 2016
Los cinco sentidos
Comenzó a despertarse y a sentir una la ligera modorra que le
llamaba a acudir, subyugado, a los brazos del sueño.
Podía sentir, lejanos,
los recuerdos de la batalla, en la que se mezclaron gritos de vacuas proclamas que camuflaban el miedo y la cobardía;
sonidos metálicos de armas enfrentadas; ráfagas sibilantes de balas atravesando
carne humana y gritos desesperados de jóvenes bisoños que intentaban contener chorros
de sangre sobre los que viajaban a su trance final.
Consciente de su nariz partida, comenzó a aspirar el acre
olor de la muerte revuelto con el hediondo aroma a sangre y excrementos de los intestinos
a medio descuajar.
Notaba, a su espalda, el braceo exhausto de compatriotas que,
aplastados, luchaban por alcanzar una pizca de aíre para sus pulmones sentenciados.
En su boca, repleta de dientes partidos, pólvora quemada y blasfemias
diversas, comenzaba a formarse el dulce sabor de la anhelada victoria.
Sus ojos, por fin abiertos, se fijaron en un sol que brillaba
ajeno al absurdo deseo de una especie en inmolarse por cualquier dogma artificial,
y al llegar la figura que tapó la vista, sólo sintió la nada.
lunes, 15 de agosto de 2016
Lágrimas de sangre
Tú avidez en el amor me acercó hasta la puerta de los recuerdos
extinguidos, y al atravesarla, por fin te he podido abandonar.
He brindado con vino atabernado bajo el viejo ciclamor en el
que solía descansar el gato de angora que adornaba mi cuello en las tardes de
invierno.
He caminado entre miles de moscas hambrientas que, ignorando
mi presencia, continuaban su festín de intestinos humanos esparcidos por el
camino de baldosas amarillas.
He sobrevolado escenas de guerras antiguas, con batallas a
medio construir, en las que cientos de soldados sin bandera esperaban, hastiados,
la orden definitiva que les llevara a morir.
He bailado canciones de amor con duendes expatriados y
corridos mexicanos con trece princesas adictas a los polvos blancos y curas de
Naxolona.
He llorado por la lluvia meona que cayó en Veracruz y por los
vientos de bolina que arrastraron naves hacia arrecifes de acero y cristal.
Pero al girar la cabeza y encontrarte a mi lado, mi cuerpo
abandona la huida y sólo puede llorar lágrimas de sangre.
lunes, 11 de julio de 2016
La familia
Paseando a tu lado me doy cuenta del tiempo que perdí
buscando respuestas a las preguntas que rondaban mi cabeza.
Leí centenares de libros sagrados que ofrecían soluciones mágicas
a partir de ofrendas vanas, inútiles sacrificios y devociones malencaradas.
Adopté múltiples personalidades, siempre apropiadas a lo que
me exigían cretinos de cuello blanco desde inmensas oficinas alejadas del mundo
real.
Estudié los grandes tratados de mentes inquietas, volúmenes repletos
de fórmulas y cifras y de memorias a medio escribir por reconocidos iluminados.
Pero es ahora que mi felicidad es plena, viviendo en esta
nueva tierra, inhóspita y árida, bajo un cielo plomizo y un aire de aromas
sulfurosos; y rodeado por personas olvidadas, unas, que fueron expulsadas de su
hogar sin motivos esclarecidos, otras, autoras de crímenes imperdonables según
las normas impuestas por unos pocos imbéciles, y los más, seres anónimos que
como yo, ya han encontrado en este lugar a su única y verdadera familia.
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miércoles, 15 de junio de 2016
El tiempo
Aquel día de verano de 1945 no
soplaba la más mínima brisa y el sol quemaba los viejos tablones de la
estación.
Los gatos escondían sus
escuálidos cuerpos entre chatarra y basura escapando de un calor abrasador, y
las chicharras, acompasaban sus cantos al ritmo del “chuf, chuf” de la
locomotora.
La gente, sudorosa, se despedía
con rapidez, y yo, entre lágrimas, grité “te quiero” cuando arrancó el tren.
Hoy, en este día de otoño de
1995, con temporal de viento y lluvia, regreso a la estación, y entre acero,
vidrio y hormigón, en soledad, aguardo tu llegada para disfrutar de ti, por
segunda vez.
domingo, 8 de mayo de 2016
Mompracem
Al conocernos me prometiste que viviríamos la gran historia
de amor, que disfrutaríamos por siempre de la luna de miel en Mompracem.
Al estar juntos me jurabas que el mundo bailaría a nuestro
compás, que tocaríamos eternamente la melodía dulce de la pasión.
En la mañana en que al acercarnos a la alameda, por fin me diste
la mano, fui feliz, porque creía en todas tus promesas.
domingo, 10 de abril de 2016
El dulce despertar
Esta madrugada he vuelto a despertar en una cama extraña y mi
mente intenta recordar, sin resultado, el camino que debí recorrí hasta llegar aquí.
Las sábanas desprenden un olor agrio, mezcla de ginebra y
sexo apresurado, y junto a la cama, sobre una silla destartalada, se encuentra
una vela medio consumida y los restos del polvo quemado en una vieja cuchara de
metal.
Sobre el suelo de azulejos fragmentados, te veo, durmiendo,
sin ni siquiera arrancar de tu brazo la goma con la que buscabas alguna vena que
no hubieras quemado en estos años.
Me arrojo de la cama, con la vana esperanza de encontrar a tu
lado algún resto de la poderosa diosa que domina nuestras vidas, pero apenas que
mi cuerpo nota el primer movimiento, vomita desde mi estómago un líquido oscuro
que cae sobre tu cuerpo.
Mi cabeza queda descolgada de la cama, y mientras el sopor
del último cuelgue se apodera de mi cerebro, sólo acierto a preguntarme cómo habrá
llegado la vela hasta la ventana, y en qué momento empezó a prender la tela
manchada que alguien colocó como cortina.
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